Mario
J. Viera
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Reproduzco el
Capítulo V del libro que ya tengo publicado en Amazon. donde teorizo sobre los
principios de la Resistencia noviolenta aplicados a Cuba frente al régimen
castrista, aunque realmente no es un libro sino un folleto de solo 75 páginas.
Espero que lo encuentren interesante.
La memoria histórica
Hay un aspecto sobre el cual deben actuar
los conductores de la lucha noviolenta para generar confianza, credibilidad y
adhesión a las propuestas de desafío político al régimen de opresión: remodelar
la conciencia social que solo ve, como única solución, la de deshacerse de los
que llegaron al poder por la vía armada empleando sus mismos métodos. Esta
conciencia del poder por la fuerza hace restar resistencia a enfrentar a un
régimen sustentado en el poder militar. En toda sociedad existe una memoria
histórica que exalta a los que por el recurso de las armas alcanzaron los
lauros. Solo, en esa memoria, destacan como héroes epónimos, aquellos que
lograron triunfos en grandes batallas militares. Jacques Semelin, refiriéndose
a la época de la Segunda Guerra Mundial y de la ocupación de Francia por las
tropas alemanas, expresa: “Si nuestra
memoria colectiva sólo retiene de la historia los hechos de violencia, es
evidente que las soluciones que podemos hoy dar a los problemas de la guerra no
pueden ser sino soluciones militares”[1].
¿Cuál es la memoria colectiva de la
historia que perdura entre los cubanos?
Toda nuestra historia se ha formulado sobre
la violencia, desde las luchas de los vegueros contra el estanco del tabaco del
siglo XVIII, que concluyó con la fallida insurrección del 23 de febrero de
1723, pasando por las conspiraciones de la escalera, del Águila Negra y la de los Rayos
y Soles de Bolívar, hasta las sublevaciones de José Antonio Aponte del 15
de marzo de 1812 y la de Joaquín de Agüero del 4 de julio de 1851, para luego
desencadenarse las tres contiendas por la independencia nacional.
Posteriormente, durante la república, la protesta armada de los Independientes
de Color en mayo de 1912, la insurrección de la Chambelona de 1917 y las conspiraciones y lucha armada urbana
contra la dictadura de Gerardo Machado en 1933. Por último, la guerra
revolucionaria contra la dictadura batistiana desde las sierras orientales y el
Escambray, que entronó definitivamente en el poder a Fidel Castro, y la
oposición armada en rechazo a la nueva dictadura, por las guerrillas
contrarrevolucionarias del Escambray. El concepto de patriotismo se vincula
indefectiblemente con el acto viril del alzamiento en armas o con el reclamo,
esculpido en bronce, de “Morir por la patria, es vivir”.
Rebelión se asocia mentalmente con la
respuesta violenta ante las arbitrariedades y desmanes de una tiranía. La
Constitución de 1940 reconoció legitimidad a la rebelión, a “la resistencia
adecuada para la protección de los derechos individuales”. De este modo se
justificaba la algarada del 26 de julio de 1953, ¡Resistencia!; el asalto al
cuartel Goicuría de Matanzas el 29 de abril de 1956, ¡Resistencia!; el
alzamiento de la ciudad de Santiago de Cuba el 30 de noviembre de 1956,
¡Resistencia!; el asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957,
¡Resistencia!; los atentados y los sabotajes producidos durante la mal llamada
Huelga General del 9 de abril de 1958, ¡Resistencia!; resistencia eran también
los actos de atentados y sabotajes que llevaron a cabo los grupos urbanos
anticomunistas y los alzamientos en las montañas del Escambray en los años de
la década de los 60.
En la memoria colectiva histórica de los
cubanos los héroes tienen nombres de combatientes: Ignacio Agramonte, Carlos
Manuel de Céspedes, Antonio y José Maceo. Calixto García, Máximo Gómez, Camilo
Cienfuegos, Frank País, José Antonio Echeverría, Perico Sánchez, Osvaldo
Ramírez, Zoila Águila Almeida... Como muy bien lo dice Carlos Vaquero: “La
virtud del héroe estaba ligada al recurso a la violencia para llevar a cabo sus
hazañas y la unía a valores como el coraje, la virilidad, la audacia, el
sacrificio, la nobleza, el honor, la justicia y la libertad”[2].
En la memoria colectiva histórica quedan
olvidados muchos otros, también héroes, que jamás recurrieron a métodos
violentos para el reclamo de los derechos civiles; porque no se rememora otras formas
de lucha de carácter noviolento que se han practicado en Cuba. Declaraciones,
protestas cívicas, huelgas de carácter político o de carácter social se
produjeron en Cuba en diferentes épocas como manifestación de métodos de lucha
noviolenta, como fuera la Huelga de los
aprendices de 1902, conflicto iniciado cuando los tabaqueros de la fábrica La Carolina exigieron que se aceptaran
como aprendices en la industria tabacalera a jóvenes cubanos, un derecho que
hasta entonces solo estaba reservado para extranjeros.
Como informa Dimas Cecilio Castellanos
Martí, “el rechazo patronal desató un
violento conflicto que paralizó la vida económica de la capital y se extendió a
otros sectores y regiones del país. Aunque las demandas no fueron satisfechas
inmediatamente, desde ese momento, gracias a la mediación de un grupo de
Veteranos de la Guerra de Independencia, la negociación indicó el camino más
viable para el desarrollo de las relaciones obrero-patronales”[3]. En febrero-junio de 1907 se desata la Huelga de la Moneda impulsada por los
tabaqueros que exigían el pago de sus haberes en moneda americana en lugar de
la circulante hasta entonces de la española. Esta huelga contó con un poderoso
apoyo entre los trabajadores de otros sectores y con el auxilio de los
tabaqueros de Tampa, Cayo Hueso y New York. En los años 30, el sindicalismo
cubano desarrolló un movimiento en contra del régimen de Gerardo Machado que
puede ser concebido como actos de noviolencia. Dima Castellano refiere que “en la zafra 32-33 pararon 25 ingenios y más
de 100 colonias de caña. En 1933 la ola de huelgas alcanzó el transporte urbano
de La Habana. Ante el Estado de Emergencia decretado por el gobierno, los
trabajadores lanzaron la huelga general del 5 de agosto que contó con el apoyo
de todos los sectores sociales, algo sin precedentes en la historia de Cuba
(…) Paradójicamente, Machado, que había
asegurado que ninguna huelga duraría más de 24 horas, salía del poder
precisamente por la huelga más fuerte del movimiento obrero cubano”. La
huelga del 5 de agosto, pese a la traición de la Central Nacional Obrera de
Cuba (CNOC), bajo control del Partido Comunista de Cuba, que pidió, la
cancelación del paro general, cuando Gerardo Machado prometiera que legalizaría
al Partido Comunista. La huelga general no se suspendió y, el 12 de agosto,
Machado abandonaba el poder.
Así vistos estos antecedentes podemos
coincidir con el punto de vista del ya citado Semelin: “si recogemos del pasado las huellas de otra historia, de otra defensa,
de una resistencia no militar que ha mostrado aquí y allá su eficacia a lo
largo de los siglos, entonces el discurso moderno sobre la defensa no puede
encontrarse sino profundamente transformado. Es, pues, fundamental para la
credibilidad de una alternativa noviolenta a la defensa, buscar las raíces
históricas, sus manifestaciones en las distintas épocas, regímenes y culturas”.
Ciertamente, la lucha, la resistencia
revolucionaria con el empleo de la violencia tiene un halo romántico. ¿Pero qué
significa “resistencia”? La resistencia implica una participación popular en
contra de un régimen o de una fuerza extrajera de ocupación, pero esa
participación puede asumir, tanto la forma de resistencia violenta, con las
armas en la mano, como la resistencia cívica con rechazo al enfrentamiento
violento, al atentado, al sabotaje a la respuesta con las armas. Los héroes de
la resistencia noviolenta no son este o aquel que se enfrenta a la muerte con
gran hidalguía, sino todo un colectivo, en el que, todos tienen una
participación que, tal vez, resulte anónima.
Hay más heroísmo en un enfrentamiento
noviolento contra un régimen que recurre a la violencia de la represión
policiaca, militar o paramilitar para acallar las protestas, que el enfrentamiento
a ese mismo régimen haciendo uso de las armas.
Sobre el libro:
La resistencia
popular al régimen impuesto en Cuba ha estado presente, tanto de manera
disimulada como abierta, principalmente desde 1968. De maneras sutiles muchos,
actuando aisladamente, han expresado su descontento con el sistema que impulsó
Fidel Castro desde el mismo momento en que tomó el poder político de la Nación.
La resistencia violenta de los años de la década de los años 60, dejó una larga
estela de sangre derramada en los paredones de fusilamientos por los rebeldes,
difamados como bandidos y mercenarios y como autores de los más atroces
asesinatos de civiles. En 1988 apareció una forma nueva de hacer resistencia al
gobierno del Partido Comunista; la resistencia por la vía civilista de la
defensa de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En 1991 crece el
número de organizaciones disidentes que se definían como “opositores
pacíficos”. En 2003, Castro ansioso por liquidar al movimiento opositor que
crecía en extensión lanzó la represión en contra de la oposición y del
periodismo independiente llevando a prisión a 75 opositores. La oposición que
en Cuba se declaraba “oposición pacífica”, comenzó a transformarse en una
“oposición pasiva”, sin decidida voluntad de lanzar el reto político al régimen
y de impulsar una inteligente labor de proselitismo dentro de las masas
populares. De aquí surgió la idea de este trabajo, que algunos recomendaron
sería buena idea publicar. Esta monografía, inspirada en la teorías de la
resistencia noviolenta de Gene Sharp no pretende sentar pautas en la labor
opositora en Cuba; su propósito es el de aportar criterios que, de algún modo
pudieran servir de base para organizar un verdadero movimiento de resistencia
noviolenta en Cuba.
[1] Jacques Semelin. A la búsqueda de nuestra historia. Dossier nº2 de la revista
"Non-Violence politique" traducido por Revista Oveja Negra nº 33.
Noviolencia.org
[2] Carlos Vaquero. La noviolencia como filosofía y acción política. Página Abierta,
220, mayo-junio de 2012, y 221, julio-agosto de 2012.
[3] Dimas Cecilio Castellanos Martí. Nacimiento, desarrollo y muerte del
sindicalismo cubano. Historia del Movimiento Sindical Cubano, Profesor Castro
2002

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