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Monday, June 15, 2020

Cuba – Resistencia noviolenta Comentarios. Capítulo V


Mario J. Viera



Reproduzco el Capítulo V del libro que ya tengo publicado en Amazon. donde teorizo sobre los principios de la Resistencia noviolenta aplicados a Cuba frente al régimen castrista, aunque realmente no es un libro sino un folleto de solo 75 páginas. Espero que lo encuentren interesante.


La memoria histórica

Hay un aspecto sobre el cual deben actuar los conductores de la lucha noviolenta para generar confianza, credibilidad y adhesión a las propuestas de desafío político al régimen de opresión: remodelar la conciencia social que solo ve, como única solución, la de deshacerse de los que llegaron al poder por la vía armada empleando sus mismos métodos. Esta conciencia del poder por la fuerza hace restar resistencia a enfrentar a un régimen sustentado en el poder militar. En toda sociedad existe una memoria histórica que exalta a los que por el recurso de las armas alcanzaron los lauros. Solo, en esa memoria, destacan como héroes epónimos, aquellos que lograron triunfos en grandes batallas militares. Jacques Semelin, refiriéndose a la época de la Segunda Guerra Mundial y de la ocupación de Francia por las tropas alemanas, expresa: “Si nuestra memoria colectiva sólo retiene de la historia los hechos de violencia, es evidente que las soluciones que podemos hoy dar a los problemas de la guerra no pueden ser sino soluciones militares[1].

¿Cuál es la memoria colectiva de la historia que perdura entre los cubanos?

Toda nuestra historia se ha formulado sobre la violencia, desde las luchas de los vegueros contra el estanco del tabaco del siglo XVIII, que concluyó con la fallida insurrección del 23 de febrero de 1723, pasando por las conspiraciones de la escalera, del Águila Negra y la de los Rayos y Soles de Bolívar, hasta las sublevaciones de José Antonio Aponte del 15 de marzo de 1812 y la de Joaquín de Agüero del 4 de julio de 1851, para luego desencadenarse las tres contiendas por la independencia nacional. Posteriormente, durante la república, la protesta armada de los Independientes de Color en mayo de 1912, la insurrección de la Chambelona de 1917 y las conspiraciones y lucha armada urbana contra la dictadura de Gerardo Machado en 1933. Por último, la guerra revolucionaria contra la dictadura batistiana desde las sierras orientales y el Escambray, que entronó definitivamente en el poder a Fidel Castro, y la oposición armada en rechazo a la nueva dictadura, por las guerrillas contrarrevolucionarias del Escambray. El concepto de patriotismo se vincula indefectiblemente con el acto viril del alzamiento en armas o con el reclamo, esculpido en bronce, de “Morir por la patria, es vivir”.

Rebelión se asocia mentalmente con la respuesta violenta ante las arbitrariedades y desmanes de una tiranía. La Constitución de 1940 reconoció legitimidad a la rebelión, a “la resistencia adecuada para la protección de los derechos individuales”. De este modo se justificaba la algarada del 26 de julio de 1953, ¡Resistencia!; el asalto al cuartel Goicuría de Matanzas el 29 de abril de 1956, ¡Resistencia!; el alzamiento de la ciudad de Santiago de Cuba el 30 de noviembre de 1956, ¡Resistencia!; el asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957, ¡Resistencia!; los atentados y los sabotajes producidos durante la mal llamada Huelga General del 9 de abril de 1958, ¡Resistencia!; resistencia eran también los actos de atentados y sabotajes que llevaron a cabo los grupos urbanos anticomunistas y los alzamientos en las montañas del Escambray en los años de la década de los 60.

En la memoria colectiva histórica de los cubanos los héroes tienen nombres de combatientes: Ignacio Agramonte, Carlos Manuel de Céspedes, Antonio y José Maceo. Calixto García, Máximo Gómez, Camilo Cienfuegos, Frank País, José Antonio Echeverría, Perico Sánchez, Osvaldo Ramírez, Zoila Águila Almeida... Como muy bien lo dice Carlos Vaquero: “La virtud del héroe estaba ligada al recurso a la violencia para llevar a cabo sus hazañas y la unía a valores como el coraje, la virilidad, la audacia, el sacrificio, la nobleza, el honor, la justicia y la libertad”[2].

En la memoria colectiva histórica quedan olvidados muchos otros, también héroes, que jamás recurrieron a métodos violentos para el reclamo de los derechos civiles; porque no se rememora otras formas de lucha de carácter noviolento que se han practicado en Cuba. Declaraciones, protestas cívicas, huelgas de carácter político o de carácter social se produjeron en Cuba en diferentes épocas como manifestación de métodos de lucha noviolenta, como fuera la Huelga de los aprendices de 1902, conflicto iniciado cuando los tabaqueros de la fábrica La Carolina exigieron que se aceptaran como aprendices en la industria tabacalera a jóvenes cubanos, un derecho que hasta entonces solo estaba reservado para extranjeros.

Como informa Dimas Cecilio Castellanos Martí, “el rechazo patronal desató un violento conflicto que paralizó la vida económica de la capital y se extendió a otros sectores y regiones del país. Aunque las demandas no fueron satisfechas inmediatamente, desde ese momento, gracias a la mediación de un grupo de Veteranos de la Guerra de Independencia, la negociación indicó el camino más viable para el desarrollo de las relaciones obrero-patronales[3]. En febrero-junio de 1907 se desata la Huelga de la Moneda impulsada por los tabaqueros que exigían el pago de sus haberes en moneda americana en lugar de la circulante hasta entonces de la española. Esta huelga contó con un poderoso apoyo entre los trabajadores de otros sectores y con el auxilio de los tabaqueros de Tampa, Cayo Hueso y New York. En los años 30, el sindicalismo cubano desarrolló un movimiento en contra del régimen de Gerardo Machado que puede ser concebido como actos de noviolencia. Dima Castellano refiere que “en la zafra 32-33 pararon 25 ingenios y más de 100 colonias de caña. En 1933 la ola de huelgas alcanzó el transporte urbano de La Habana. Ante el Estado de Emergencia decretado por el gobierno, los trabajadores lanzaron la huelga general del 5 de agosto que contó con el apoyo de todos los sectores sociales, algo sin precedentes en la historia de Cuba (…) Paradójicamente, Machado, que había asegurado que ninguna huelga duraría más de 24 horas, salía del poder precisamente por la huelga más fuerte del movimiento obrero cubano”. La huelga del 5 de agosto, pese a la traición de la Central Nacional Obrera de Cuba (CNOC), bajo control del Partido Comunista de Cuba, que pidió, la cancelación del paro general, cuando Gerardo Machado prometiera que legalizaría al Partido Comunista. La huelga general no se suspendió y, el 12 de agosto, Machado abandonaba el poder.
 
Así vistos estos antecedentes podemos coincidir con el punto de vista del ya citado Semelin: “si recogemos del pasado las huellas de otra historia, de otra defensa, de una resistencia no militar que ha mostrado aquí y allá su eficacia a lo largo de los siglos, entonces el discurso moderno sobre la defensa no puede encontrarse sino profundamente transformado. Es, pues, fundamental para la credibilidad de una alternativa noviolenta a la defensa, buscar las raíces históricas, sus manifestaciones en las distintas épocas, regímenes y culturas”. 

Ciertamente, la lucha, la resistencia revolucionaria con el empleo de la violencia tiene un halo romántico. ¿Pero qué significa “resistencia”? La resistencia implica una participación popular en contra de un régimen o de una fuerza extrajera de ocupación, pero esa participación puede asumir, tanto la forma de resistencia violenta, con las armas en la mano, como la resistencia cívica con rechazo al enfrentamiento violento, al atentado, al sabotaje a la respuesta con las armas. Los héroes de la resistencia noviolenta no son este o aquel que se enfrenta a la muerte con gran hidalguía, sino todo un colectivo, en el que, todos tienen una participación que, tal vez, resulte anónima.

Hay más heroísmo en un enfrentamiento noviolento contra un régimen que recurre a la violencia de la represión policiaca, militar o paramilitar para acallar las protestas, que el enfrentamiento a ese mismo régimen haciendo uso de las armas.



Sobre el libro:



La resistencia popular al régimen impuesto en Cuba ha estado presente, tanto de manera disimulada como abierta, principalmente desde 1968. De maneras sutiles muchos, actuando aisladamente, han expresado su descontento con el sistema que impulsó Fidel Castro desde el mismo momento en que tomó el poder político de la Nación. La resistencia violenta de los años de la década de los años 60, dejó una larga estela de sangre derramada en los paredones de fusilamientos por los rebeldes, difamados como bandidos y mercenarios y como autores de los más atroces asesinatos de civiles. En 1988 apareció una forma nueva de hacer resistencia al gobierno del Partido Comunista; la resistencia por la vía civilista de la defensa de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En 1991 crece el número de organizaciones disidentes que se definían como “opositores pacíficos”. En 2003, Castro ansioso por liquidar al movimiento opositor que crecía en extensión lanzó la represión en contra de la oposición y del periodismo independiente llevando a prisión a 75 opositores. La oposición que en Cuba se declaraba “oposición pacífica”, comenzó a transformarse en una “oposición pasiva”, sin decidida voluntad de lanzar el reto político al régimen y de impulsar una inteligente labor de proselitismo dentro de las masas populares. De aquí surgió la idea de este trabajo, que algunos recomendaron sería buena idea publicar. Esta monografía, inspirada en la teorías de la resistencia noviolenta de Gene Sharp no pretende sentar pautas en la labor opositora en Cuba; su propósito es el de aportar criterios que, de algún modo pudieran servir de base para organizar un verdadero movimiento de resistencia noviolenta en Cuba.



[1] Jacques Semelin. A la búsqueda de nuestra historia. Dossier nº2 de la revista "Non-Violence politique" traducido por Revista Oveja Negra nº 33. Noviolencia.org
[2] Carlos Vaquero. La noviolencia como filosofía y acción política. Página Abierta, 220, mayo-junio de 2012, y 221, julio-agosto de 2012.
[3] Dimas Cecilio Castellanos Martí. Nacimiento, desarrollo y muerte del sindicalismo cubano. Historia del Movimiento Sindical Cubano, Profesor Castro 2002

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